De generación en generación, nos han contado una leyenda que parece surgir del mismísimo corazón de Arequipa. Cuenta que hace mucho tiempo, cuando el ejército inca liderado por Mayta Cápac regresaba al Cusco tras una conquista, descansó en el valle del río Chili. Fascinados por su clima y calma, algunos guerreros quisieron quedarse y pidieron permiso al Inca, quien les respondió: “Are quepay” — es decir, “Sí, quédate” en quechua. Así habría nacido el pueblo que hoy conocemos.

Claro está, que esta historia, aunque hermosa, es más mito que verdad. Muchos historiadores han dejado claro que en tiempos de Mayta Cápac, los incas todavía no se expandían más allá del Cusco, y la verdadera conquista llegó después, con Pachacútec. Sin embargo, ese relato sencillo y lleno de detalles, nos invita a sentir un lazo profundo con nuestras raíces, a creer que desde siempre hubo presencia quechua en este valle fértil que hoy da vida a casi un millón de personas.

Este 485 aniversario, Arequipa celebra más que una fecha; honra una herencia ligada a la tierra. Desde sus primeros días, la agricultura y la ganadería fueron el alma de nuestra gente. Esas áreas verdes, nuestro tesoro llamado campiña, resisten aún entre cemento y asfalto, aunque poco a poco van desapareciendo frente al avance imparable de la ciudad.

Los que vinieron después, los descendientes de aquella tierra, han mantenido ese espíritu chacarero, ese amor por el trabajo de la tierra que nos caracteriza. Pero la memoria de ese vínculo se desvanece, y con ella corre el riesgo de quedar solo como historia. La agricultura y la ganadería se desplazan hacia nuevas tierras áridas, luchando por sobrevivir gracias a la perseverancia de quienes apuestan por un futuro sostenible.

Arequipa se enfrenta a enormes retos. Mientras gobernantes y población cumplen sus roles con seriedad, tal vez dentro de una década podemos decir que estamos en un tiempo de transformación verdadera. Pero en la historia reciente, quienes han tenido la responsabilidad de guiar esos cambios naufragaron en la improvisación.

Este año electoral es crucial. Esperamos que el próximo 486 aniversario nos encuentre celebrando la elección de ciudadanos que realmente nos representan, dejando atrás las decepciones que ensombrecieron nuestros sueños.

El agro y la ganadería merecen recuperar su lugar de honor. Solo así consolidaremos una agroexportación de primer nivel, que haga justica a la riqueza de nuestra tierra ya la historia de su gente.

Feliz 485 aniversario, Arequipa. Que nunca se apague el fuego de nuestras raíces.